Un municipio con calles torcidas y empinadas, elevado sobre el cerro y con el río a sus pies, esta bella estampa montañosa es la que encuentra el visitante a su llegada a Lucena del Cid. El origen de esta localidad es aún hoy desconocido. Aunque la fundación romana es la más probable por su etimología, no se deben pasar por alto las ruinas y los restos de épocas ibéricas o incluso del Bronce que se han encontrado en su término. Tras la conquista cristiana en el siglo XIII, Jaume I concedió en 1233 en feudo todo el señorío de L´Alcalatén, incluido Lucena, al noble aragonés Ximén d’Urrea. Más tarde, serían los duques de Híjar los dueños de estas tierras hasta la supresión de los señoríos en el siglo XIX. Fue entonces cuando Lucena se ganó el título de Heróica Villa, en reconocimiento a su valor frente a los ataques carlistas.En la actualidad, pasear por los rincones más emblemáticos nos traslada a la época medieval. Nuestro recorrido parte de la ermita de San Vicente, situada a la entrada del pueblo viniendo de Castellón. Se trata de una construcción de mediados del s.XVIII con una fachada de piedras sillares y puertas recias de tablas de ciprés coronadas por una hornacina en la que está entronizada la imagen del Santo, obra de Juan Bautista Porcar, de 1968. Su interior es sencillo pero noble como indican los maravillosos arcos de piedra, nervaduras y hornacinas que recuerdan formas de gótico radial. El interior de la ermita lo preside una imagen en madera policromada obra del valenciano Serra.
Una vez nos adentramos en el municipio llegamos fácilmente a la plaza Mayor, centro neurálgico de la vida social de sus habitantes. En esta plaza destacan els Perxes que constituyen, con sus característicos arcos apuntados propios de la arquitectura gótica, una de las más definidas señas de identidad de Lucena del Cid, reproducidos en innumerables cuadros y fotografías.
Empinadas y pintorescas calles nos conducen a la placeta Polos, impresionante mirador que nos ofrece vistas del valle del río y las montañas próximas. Llegando a lo más alto del municipio encontramos el castillo de los duques de Híjar, sede del museo etnológico. La imagen original del castillo era muy distinta de la actual, desde los conflictos bélicos de la Reconquista sufrió numerosas transformaciones y reformas que le hicieron perder su aspecto inicial. Debió tratarse de un castillo de planta cuadrada con dos grandes torres, también de planta cuadrada, que protegían el portal de entrada. En 1876, tras ser nombrada Lucena del Cid cabeza de partido judicial, se estableció la prisión sobre la estructura del viejo castillo, modificándolo y dándole el aspecto que hoy presenta.
En el Museo etnológico se muestran las profesiones y trabajos de la Villa, exhibiendo las herramientas y utensilios que se usaban, las faenas concretas que se realizaban, así como los productos acabados que se obtenían.
Los trabajos en las Masías conforman otra de las temáticas del museo en el que se analizan las peculiaridades concretas de la agricultura, la ganadería y otros servicios típicos de aquél periodo. Además se exhiben los vestidos e indumentarias, junto a la descripción de las diferentes piezas que lo componían, que se utilizaban tanto en los días de trabajo como en los días de fiesta.
Siguiendo con nuestro recorrido por el centro histórico de Lucena del Cid avistamos la iglesia parroquial, una valiosa obra de principios del s. XVIII. El edificio posee una amplia fachada con tres puertas; en la central se ubican, a derecha e izquierda, los patronos de la Villa, San Miguel Arcángel y San Hermolao, y en el centro la Virgen de la Asunción (Mare de Déu d’Agost) titular del templo.
Es de suponer que sería también en el s.XVIII cuando se construiría el edificio del Graner del Pósito que aún se conserva en la actualidad en las proximidades de les Eres. Este edificio sustituiría al primitivo granero municipal situado en la plaça y constituía el depósito de grano del Pósito que era una institución creada en toda España por Real Orden de 1753. Es probable que anteriormente se tratara de una Casa Hospital ya que la primera planta no corresponde con la idea que se tiene de un granero, pero sí a la de un antiguo hospital de caridad.
En el extremo de la colina que domina la población y próxima al meandro que, en sus inmediaciones, forma el río Llucena, se halla la Torre de l’Oró controlando la zona sur de la villa. Los habitantes del pueblo la conocen popularmente como El Fuerte Carlista, La Torre Carlista o simplemente El Fort. Su acceso es complicado, ya que el camino que llega a ella es particular y está cerrado por una verja.
Sus orígenes se remontan a la época musulmana, aunque su mayor protagonismo lo obtuvo durante las Guerras Carlistas, en las que sufrió importantes reformas que enmascaran sus orígenes islámicos. Fue utilizada como puesto de observación, fortín, cárcel, refugio, etc. En la actualidad tiene una altura de 15 m, aunque en el s.XIX poseía una altura tres veces mayor.
Un entorno muy natural
Y si es rico el patrimonio cultural de Lucena, también lo son su flora y fauna. En su orografía destaca la gran cantidad de barrancos, como el Gorgàs, la Malvestida, el Parra y el Salt del Cavall, rodeado, este último, de misteriosas leyendas como cuando el caballo de Jaume I, huyendo del ejército musulmán., lo saltó.
Además, entre los riscos del Pla del Moro no es difícil divisar águilas, buitres y jabalís. Su extensa y frondosa vegetación viene propiciada por la presencia de más de 200 fuentes, que agradece el senderista que se adentra en ella.
Gastronomía
La gastronomía de Lucena del Cid está representada en platos típicos como el tombet de corder, el conejo con caracoles o el tornaet a l´oli. Las ollas también son un plato fuerte, junto a les farinetes y l´arròs amb fesols i naps. Los dulces más sabrosos son els cocs de mel y les figues albardaes.
EL PRAT
El Prat, de fuerte sabor romántico, constituye otra visita obligada en Lucena del Cid. Este espacio permite disfrutar de la naturaleza y del aire libre en sus 5000 m2 de pinada y jardin.
Ermita de san Antonio
Edificada en 1785 sobre una anterior del siglo XIII, la ermita de este santo se levanta sobre una impresionante formación rocosa que domina el Barranco de la Pedrenyera. Se trata de una capilla de forma poligonal rematada por una cúpula de tejas azul cobalto, a la que se accede por un atrio de arcos de medio punto rebajados.
Ruinas Íberas de Foyos
Declaradas Bien de Interés Cultural (BIC) en 2003, guardan una de las dos Turris Hannibalicas del Estado, la Torre Íbera de Foyos. Esta torre de planta elíptica pertenece al s.V a.C., en la actualidad mide 3,4 metros, altura insignificante comparada con la que debió tener en su origen. Destaca en ella un pasillo helicoidal que recorre el exterior hasta la cima de la construcción. |